Invertir en bolsa. ¿Qué es el análisis fundamental?

¿Dónde y cuándo invertir? ¿Por qué? ¿Qué determina el precio de una acción y el valor bursátil de una empresa? Responder a estas preguntas es lo que buscan el análisis técnico y el fundamental. Ambos buscan el máximo beneficio de una inversión en bolsa, asumiendo los menores riesgos posibles.

 

En términos generales, el análisis técnico es el estudio de indicadores y figuras que se presentan en gráficos, que suben y bajan, y que están atentos a cualquier variación de los mismos.

 

El análisis fundamental, en cambio, se basa en la información, en el conocimiento y estudio “de los factores relevantes que sirven para determinar el valor intrínseco de una sociedad”[3], factores como los beneficios que está generando esa empresa, su competencia, el capital que engloba, los grupos de presión que la condicionan, el tipo de clientes, la legislación y fiscalidad a la que está sujeta, entre otros. Información o “fundamentos” de la empresa que, aunados a las condiciones y riesgos del mercado, fijan el precio o el valor de cada una de sus acciones. Pero aquí también surgen defensores y detractores en la forma de llevar a cabo el análisis de todas estas variables.

 

DOS CAMINOS, MISMO ANÁLISIS

 

El análisis fundamental se puede hacer top-down, es decir, de arriba a abajo, poniendo “énfasis en los elementos macroeconómicos que afectan a la acción, por lo que aborda el problema de la valoración desde lo general a lo particular”, explica el profesor Bachiller[4]. En este análisis se comienza con el estudio de la macroeconomía global y nacional (riesgos del mercado, su evolución y perspectivas), para después pasar al análisis del sector en el que la empresa en cuestión desarrolla su actividad; y finalmente, valorar los registros contables y la situación particular de la empresa. Gracias a estos elementos de lo general a lo particular, se deduce el precio de la acción y los dividendos que puedo obtener. Luego está el análisis fundamental que estudia las mismas variables, pero en dirección opuesta: el análisis bottom-up, es decir, de abajo hacia arriba, donde se parte de las condiciones de la empresa y se termina en el análisis de las magnitudes de la economía mundial.

 

El análisis fundamental engloba: análisis macroeconómico, análisis sectorial, análisis de la empresa y análisis bursátil o de valor intrínseco.

 

Ambos análisis dependen, al fin de cuentas, de la calidad de la información que utilicen y la capacidad que se tenga de interpretarla para reducir el margen de error en nuestras predicciones del futuro de una acción. Información que emana de los medios de comunicación, de las cuentas anuales y resultados trimestrales de las empresas, de las estadísticas macroeconómicas que publican el Gobierno y organismos internacionales… Aunque no sólo, pues si encontramos información de otras fuentes “por rara o extraña que pudiera parecer, que vemos que nos proporciona elementos adicionales para formar nuestra recomendación de inversión, bienvenida sea, siempre que sea legal y no contravenga nuestros principios éticos profesionales”[5].

 

TIPOS DE ANÁLISIS FUNDAMENTAL

 

Sin perder el norte del objetivo de un análisis fundamental, “aproximarse mejor a la valoración de acciones, determinando si están infravaloradas, en cuyo caso se recomendará comprar, o sobrevaloradas, en cuyo caso se recomendará vender”[6], sea de lo macro a lo micro o viceversa, señalaremos los diferentes tipos de análisis fundamental. El análisis fundamental engloba: análisis macroeconómico, análisis sectorial, análisis de la empresa y análisis bursátil o de valor intrínseco.

 

Según el Manual de Análisis Fundamental elaborado por CaixaBank[7], el análisis de los parámetros macroeconómicos se centra en el estudio de las fluctuaciones de: (1) los tipos de interés a corto o largo plazo, que en España están determinados por el Banco Central Europeo; (2) la inflación, medida por el índice de precios al consumo que, si suben, pueden provocar cotizaciones a la baja en la bolsa; (3) el crecimiento del PIB, que si es positivo y no produce euforia en los mercados, “suele reflejarse en compañías con beneficios crecientes que impulsan la bolsa al alza”; (4) la fuerza o debilidad de la divisa en la que compramos, muy ligada a los tipos de interés; (5) la balanza de pagos; (6) el desempleo, cuyo crecimiento implica destrucción del PIB; (7) la deuda del país; (8) las cifras de producción industrial, (9) la renta nacional y (10) el consumo y las políticas fiscales restrictivas o expansivas.

 

"Gran parte del comportamiento futuro de las mismas depende de las medidas adoptadas por las autoridades económicas"

 

A este análisis macroeconómico, no debe faltarle considerar la línea que sigue el Gobierno en política económica, “ya que gran parte del comportamiento futuro de las mismas depende de las medidas adoptadas por las autoridades económicas”, como explica Ortiz[8].

 

En el análisis sectorial, tomando como referencia los parámetros que ofrece la responsable de Coordinación de AB Red,[9] entran en juego (1) el marco legal y regulatorio del sector; (2) los ciclos de vida de la actividad del sector; (3) la estructura de la oferta y exposición a la competencia extranjera; (4) la sensibilidad a la evolución de la economía: sectores cíclicos, acíclicos y contracíclicos; (5) la exposición a oscilaciones de precios y (6) las tendencias a corto y medio plazo.

 

Pero además de estos parámetros, otros expertos se centran en utilizar para el análisis sectorial y empresarial, una herramienta como la del catedrático de Harvard, Michael E. Porter[10], basada en la acción de cinco fuerzas competitivas diferentes en la empresa: (1) barreras de entrada -por la existencia de monopolios o legislación restrictiva- o la llegada de nuevos competidores, (2) los productos sustitutivos, (3) el poder de los clientes ante los proveedores o (4) el poder de los proveedores de imponerse a los clientes y (5) la competencia o rivalidad entre empresas.

 

Para analizar a la empresa en particular se toman en cuenta los siguientes parámetros: (1) el marco legal, (2) el balance de la empresa, sus activos, pasivos y su patrimonio neto; (3) la cuenta de resultados anual y trimestral; (4) y los Estados de origen y aplicación de fondos: el cash-flow operativo -generados por la actividad de la empresa-, el cash-flow de financiación: fondos obtenidos con financiación- y el cash-flow de inversión -las actividades de inversión de la empresa-. Pero también hay otros parámetros de carácter no financiero, como (1) el  Análisis de Mercado (dónde se encuentra la empresa, cómo va a evolucionar su demanda, los precios, la competencia exterior); (2) la política de inversiones de la empresa (3) su política de financiación, si es de ampliación de capital o con financiación exterior; (4) la política de dividendos (altos o bajos dependiendo de su necesidad de crecimiento) y (5) la plantilla de la empresa[11].

 

El valor contable sería equivalente a los recursos propios de la empresa, a su patrimonio neto. El valor liquidativo es el valor que tendría la empresa si fuera liquidada en ese momento.

 

Por último, nos encontramos el análisis bursátil que supone “la forma más simple de valoración de una compañía, consistente en valorarla en función de sus activos y pasivos. Existen básicamente dos metodologías: el valor contable y el valor liquidativo”[12], explica Scherk. El valor contable sería equivalente a los recursos propios de la empresa, a su patrimonio neto. El valor liquidativo es el valor que tendría la empresa si fuera liquidada en ese momento.

 

RATIOS BURSÁTILES

 

Para completar el análisis fundamental hay que estudiar también las acciones cotizadas de las empresas. Para lograrlo se utilizan los ratios bursátiles. Estos son: (1) la capitalización bursátil, es decir, lo que vale la compañía multiplicando el precio de una acción por todas acciones; (2) los ratios por acción, que pueden ser “beneficio por acción (BPA), el cash-flow por acción (CFPA), el dividendo por acción (DPA) y los recursos propios por acción, denominados comúnmente valor contable por acción (VCA)”[13]; (3) la rentabilidad por dividendo y el pay-out; (4) el PER (price to earnings ratio) y el earnings yield, “probablemente el ratio bursátil más popular, más utilizado y más importante de todos. (...) es el cociente entre el precio y el beneficio, (...) nos dice cuántas veces está incluido el beneficio en el precio, o, en otras palabras, cuántos años de beneficio actual estamos pagando en el precio”, explica el manual de Análisis fundamental de la Caixa; (5) el ratio precio/cash-flow (P/CF) que “nos dice cuántas veces pagamos el cash-flow de la compañía”; (6) el ratio precio/ventas (P/V); (7) el  ratio precio/valor contable (P/VC), que “compara el valor total de la compañía con su nivel de recursos propios”.

 

CONCLUSIÓN

 

Está claro que el análisis fundamental es una de las mejores herramientas para la actividad bursátil, frente a otros métodos o teorías. Sea de lo macro a lo micro o viceversa, este análisis engloba la práctica totalidad de los factores que pueden alterar, para bien o para mal, el desempeño en bolsa de una empresa. Aunque, estudiando otros modelos de análisis, como el técnico, muchos han querido ver en el análisis fundamental un estudio “muy costoso y complicado, por lo que no suele estar al alcance del inversor medio, incapaz de interpretar los datos y noticias con la velocidad propia de los grandes inversores institucionales”[14]. Sin embargo, como señalan otros autores, la combinación del análisis fundamental con el técnico dará siempre mejores resultados… cuanta más información se tenga, mejor será el análisis y la previsión a la hora de invertir en bolsa.

 

Nuestra irracionalidad (o la de los otros) puede llevarse por delante los cientos previsiones y cálculos de cualquier análisis. Así es el juego del mercado bursátil.

 

Pero no hay que olvidar que el ser humano, aunque racional, también puede dejar llevarse por la irracionalidad del mercado y que, según Mankiw, “las fluctuaciones de los precios de las acciones son, en parte, psicológicas”[15]. En definitiva, seamos conscientes de que a veces nuestra irracionalidad (o la de los otros) puede llevarse por delante los cientos previsiones y cálculos de cualquier análisis. Así es el juego del mercado bursátil.

 

*** Este artículo fue redactado durante el curso de Especialista en Información Económica de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
*** © Todos los derechos reservados.

 

 

[1] MANKIW, Gregory. Págs. 579-587. Capítulo 27. Instrumentos básicos del análisis financiero. 6a edición. 2012. Ed. Paraninfo.

[2] CODINA, Josep. Manul de Análisis Técnico (7ª EDICIÓN) INVERSOR EDICIONES, S.L. Pág. 5. https://www.caixabank.com/deployedfiles/caixabank/Estaticos/PDFs/Aprenda_con_caixabank/Manual_Analisis_Tecnico_w.pdf

[3] ORTIZ, Garbiñe. Tema V. Análisis fundamental. http://usuaris.tinet.cat/fllorens/tema5.htm

[4] Bachiller Cacho, A. (2001): "Bolsa y Gestión de Carteras", [en línea] 5campus.org, Bolsa <http://www.5campus.org/bolsa> [09/octubre/2017].

[5] Bachiller Cacho, A. (2001): "Bolsa y Gestión de Carteras", [en línea] 5campus.org, Bolsa <http://www.5campus.org/bolsa> [09/octubre/2017].

[6] SCHERK, Alejandro. Manual de Análisis Fundamental. Quinta Edición. Pag. 14. INVERSOR EDICIONES, S. L. 2011

[7] Idem. Pag. 15.

[8] ORTIZ, Garbiñe. Tema V. Análisis fundamental. http://usuaris.tinet.cat/fllorens/tema5.htm [09/octubre/2017].

[9] ORTIZ, Garbiñe. Tema V. Análisis fundamental. http://usuaris.tinet.cat/fllorens/tema5.htm [09/octubre/2017].

[10] SCHERK, Alejandro. Pag. 31.

[11] ORTIZ, Garbiñe. Tema V. Análisis fundamental. http://usuaris.tinet.cat/fllorens/tema5.htm [09/octubre/2017].

[12]  SCHERK, Alejandro. Pag. 53.

[13] SCHERK, Alejandro. Pag. 56.

[14] CODINA, Josep. Manual de Análisis Técnico (7ª EDICIÓN) INVERSOR EDICIONES, S.L. Pág. 5.

[15] MANKIW, Gregory. Pág. 590. Capítulo 27. Instrumentos básicos del análisis financiero. 6a edición. 2012. Ed. Paraninfo.

 

 

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