De cómo el Banco Popular pasó de la prudencia al descontrol

Los hermanos Valls Taberner prohibieron las operaciones inmobiliarias en el Banco Popular durante sus 30 años de gestión. A partir de 2005, con la llegada de Ángel Ron a la presidencia del banco, la estrategia cambió y con ella, el sólido y prudente crecimiento de uno de los bancos más respetados del sector. Ésta es la triste historia en cifras de la caída del Popular.

 

El Banco Popular nació el 14 de Julio de 1926, antes de comenzar las vicisitudes de la Guerra Civil. A pesar de ser un banco de nueva creación fue fortaleciendo poco a poco su negocio. En los setenta concentra su actividad en la financiación y soporte a la industria, que marcaría su vocación como banco enfocado en el sector empresarial y, sobre todo, a la pequeña y mediana empresa.

 

Tras una serie de fusiones con otros bancos de los que el Popular era accionista, en 1987 su balance global registraba un “beneficio neto consolidado de 24.285 millones de pesetas, lo que significaba una rentabilidad de los activos totales medios (ROA) del 1,40 por ciento y una rentabilidad de los recursos propios medios (ROE) del 24,79 por ciento”[1]. Rentabilidades que ya quisieran hoy los bancos de España y Europa, que sólo llegan al 7% de ROE.

 

Un crecimiento estable y sólido del banco, dirigido de 1972 a 2004 por los hermanos Javier y Luis Valls Taberner, quienes destacaron por la prudencia en la gestión de la entidad, y que recelaban de embarcarse en el sector inmobiliario. “No estábamos dispuestos a tener que vender pisos si la cosa iba mal. Prohibimos en adelante estas operaciones especulativas”, explicaba Javier Valls en 2013 señalando la política de inversiones que sostuvieron tanto él como su hermano durante 32 años[2].

Ejemplo de esa prudencia son los balances del año 2000, cuando el Popular contaba con ocho bancos, activos de 22.470 millones de euros y los créditos de su clientela (23.000€) casi emparejados con sus depósitos (20.500 m€). Era el cambio de siglo, la expansión de la economía española despegaba y con ella el sector bancario.

 

Para 2005, los balances comenzaron a cambiar. Los créditos (66.500m€) casi duplicaron los depósitos (35.000m€). Del crédito concedido, 11.300 m€ eran activos de riesgo del sector de la construcción.

Los gestores del banco habían cambiado, con Ángel Ron a la cabeza del Grupo y una estrategia que siguió la ola de la inversión inmobiliaria. Lejos quedaba la máxima de “desarrollar su propia estrategia, más allá de modas y manías, mantener su independencia y seguir su camino, con señas de identidad sencillas y claras”, que en el año 2000 explicaban en su informe anual[3]. No había de qué preocuparse de estos créditos, pues el banco gozaba de una ratio de morosidad de sólo el 0,78%, además de una ratio de cobertura de un sorprendente 250%, con provisiones de 1.470 m€ para insolvencias (en 2016, la ratio de mora supero el 14%, el de cobertura apenas llegaba al 60% mientras que las provisiones de insolvencia superaron los 10.200 m€).


El descalabro llegó en 2008, multiplicando por 6 la cantidad de créditos dudosos, pasando de los 591 m€ de 2005 a los 3.043 m€ en el primer año de la crisis. El banco pagaba caro la falta de visión del riesgo, con un balance que pasó de 100 m€ en activos inmobiliarios adjudicados en 2005 a 1.661 m€ tres años después. En su memoria, el Popular explicaba que, a esas daciones en pago, sumó más ladrillo, comprando el negocio –ya ruinoso– de constructoras y promotoras en riesgo de caída… Les llamó “inversiones oportunistas” o “compras realizadas a clientes en situaciones especiales con el objetivo de facilitar la continuidad de su negocio sin deteriorar la posición del Banco”[4].

"El balance pasó de 100 m€ en activos inmobiliarios adjudicados en 2005 a 1.661 m€ tres años después"


De forma incontrolable, como pasó a las cajas de ahorro, se convirtió en gestor de un pesado stock de viviendas y edificios, que nadie quería y que perdían su valor mes a mes. Así pasó de los 3.000 m€ morosos de la construcción a los 13.700 m€ en 2012. Dado que el Gobierno durante esos cuatro años había rescatado a varias cajas, que exigió más coberturas de los activos inmobiliarios y de los créditos a la construcción inmobiliaria. El Popular debía provisionar 2.600 m€ y un colchón de 850 m€[5] para no ser rescatada. ¿Cómo lo hizo? Con una ampliación de capital de 2.500 m€.

 

INTENTOS FALLIDOS POR RECONDUCIR EL BARCO

 

Y ahí estaban los files accionistas del banco (entre ellos, los 13.600 empleados, con el 4,3% del accionariado) que acudieron a su llamado. Con ella el banco mejoró las ratios de solvencia Nivel 1 de 10,25 a 11,98 en un año. La estrategia obligaba a deshacerse del ladrillo; por lo que crean en 2013 (tras cinco años acumulando activos inmobiliarios sin reaccionar) la Unidad de Negocio Especializado para la “reestructuración, recobro y recuperación de clientes relacionados con el mercado inmobiliario”, en sociedad con los gestores de fondos inmobiliarios Värde Partners-Kennedy Wilson, quienes darían salida a los inmuebles gestionados por su inmobiliaria Aliseda.

 

Parece que el plan funciona, pues en 2014 logran vender 8.417 inmuebles. Pero ese esfuerzo fue en vano. Las ventas no compensaban el aumento de los adjudicados: frente a 1.503 m€ de ganancia, el banco sumó 1.705 m€ inmuebles ese año y otros 1.740 m€ más en 2015.

 

El tiro de gracia del Popular vendrá de la retirada de la confianza de los depositantes, registrada en 2015, con 7.700 m€ de depósitos menos (de los cuales 6.600 m€ fueron retirados por las AAPP). El descalabro siguió al año siguiente: 5.500 m€ (4.700 m€ de AA.PP.). Acudió de nuevo a sus accionistas, con una nueva ampliación de capital en 2016 (en 2012 por 2.500 m€, en 2013 por 450 m€ para inversores mexicanos y en 2016 por 2.500 m€).

 

Al cierre del 2016, la morosidad repuntó con 19.112 m€ alcanzando una ratio del 14,61%, la más alta de su historia.

 

Pero como sucedió en 2012, mientras las ampliaciones de capital mejoraron las exigencias de solvencia (de 2012 a 2015 la ratio de capital total creció de 10,6% al 13,83), al cierre del ejercicio, la morosidad repuntó con 19.112 m€ alcanzando una ratio del 14,61%, la más alta de su historia, a la par que la liquidez necesaria para pagar los depósitos retirados superaba los escasos 2.500 m€ extra. Así, el balance de 2016 hace aguas: con la cifra de -3.6110 m€ de beneficios –derivados de la ampliación de capital–, con rentabilidades ROA y ROE en negativo (-2,25% y -4,70% respectivamente) y con 3.000 empleados despedidos en un año. Uno de ellos fue Ángel Ron quien, tras diez años de gestión, pasó el relevo a Emilio Saracho en febrero de 2017. Tres meses después de su llegada, habiendo presentado unos preocupantes resultados trimestrales, por primera vez se habla de vender el banco al mejor postor.

 

LOS ESTERTORES DEL BANCO POPULAR

 

La desconfianza –lógica– terminó por lastrar la cotización del banco en 2016, que pasó de los 3,04 € a 0,92 € en tan sólo un año. Para colmo, fondos especuladores (como BlackRock) llevaban atacando con posiciones bajistas la cotización del Popular durante los últimos dos años, haciendo que cayera sin visos de levantarse. El principal problema era su solvencia y liquidez.

 

Y entonces confirmaron con un hecho relevante a la CNMV el 16 de mayo que estaban estudiando con otras entidades del sector “una combinación de negocios”[6], una fusión en toda regla. A partir de ese día la cotización de 0,697 euros se mantuvo estable 15 días, hasta que una información de la agencia Reuters del 31 de mayo apunta a que el Mecanismo Único de Resolución (MUR) estaba atento al Popular “con vistas a una posible intervención”[7]. Los siguientes siete días, el banco con más de 90 años de historia, caía estrepitosamente. Su cotización cerró el 6 de junio en 0,317 euros… y así murió.

 

La venta por 1 euro al Banco Santander y todas sus consecuencias, las analizamos en otro post.

 

 

*** Este artículo fue redactado durante el curso de Especialista en Información Económica de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo
*** © Todos los derechos reservados

 

 

[1] BANCO POPULAR. Web corporativa. http://www.grupobancopopular.com/ES/AccionistasInversores/Gobierno Corporativo /acercadepopular/Historia/Paginas/CrisisConsolidacion.aspx [Septiembre 2017]
[2] VALLS TABERNER, Javier. Periódico LA VANGUARDIA. “25 de Febrero del 2006, siete años después”. 25 de febrero de 2013 https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia-1%C2%AA-edici%C3%B3n/20130225/282875138197386 [Agosto 2017]
[3] BANCO POPULAR. Informe Anual 2000. Pág. 8. [Agosto 2017] http://www.grupobancopopular.com/ES/AccionistasInversores/Documents/Informes_anuales/2000/BP_2000.pdf
[4] BANCO POPULAR. Informe anual 2008. Pág. 55 [Agosto 2017]
[5] BANCO POPULAR. Hecho Relevante 7 de febrero de 2012 http://www.grupobancopopular.com/_layouts/GBPCorp.Portal/Descargas.ashx?u=%2FES%2FAccionistasInversores%2FBiblioHechosRelevantes%2F07-02-2012.pdf

[6]BANCO POPULAR. Hecho Relevante 16 mayo 2017. https://www.cnmv.es/portal/HR/verDoc.axd?t={a5f1c69c-7ee5-4a61-8f2e-bef4db2068e7}

[7] GUARASCIO, FRANCESCO. Agencia Reuters. “La UE, advertida de riesgo de una resolución ordenada en Banco Popular - fuente “. 31 de mayo de 2017 https://es.reuters.com/article/topNews/idESKBN18R2CS-OESTP

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